Agosto representó el momento a partir del cual las tensiones y dudas acumuladas respecto a la voluntad y capacidad de pago de varios países se sublimaron en un considerable incremento de la volatilidad en los precios de diversos activos y en los valores de varias monedas.
Por su parte, la mayor incertidumbre, abonada por un escenario local que tampoco ayudó, derivó en una de las caídas de mayor magnitud desde la crisis financiera internacional. A pesar de que el dato es una innovación netamente negativa, en tanto la variación presentó algunas características particulares que deberían ser tomadas en cuenta, la significación del impacto negativo debería ser, al menos parcialmente, relativizada.