Inclusión Financiera en Uruguay y el papel de las instituciones financieras no bancarias

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El Gobierno uruguayo ha establecido recientemente como una de sus prioridades de política la promoción de avances en el acceso a los servicios financieros con el objetivo final de propender a una mayor inclusión social. En este contexto, la institución financiera Pronto! encomendó a CPA Ferrere la elaboración de un documento técnico, con el objetivo principal medir el grado de inclusión financiera en Uruguay, diagnosticar las razones que explican su estado de situación actual, y finalmente proponer algunas ideas que permitan ampliar el grado de inclusión financiera en Uruguay.

Como una primera aproximación al grado de inclusión financiera en Uruguay, se analizó el grado de bancarización. Del análisis realizado se puede concluir que Uruguay presenta un bajo grado de bancarización del punto de vista comparado, prácticamente en todas las dimensiones de bancarización analizadas. Dicho esto, el rezago parece ser mayor en términos de profundidad y cobertura, y algo en menor grado en términos de la intensidad de uso de los servicios financieros bancarios.

A nivel de empresas, se encontró que aproximadamente el 70% de las operaciones crediticias realizadas por bancos comerciales en Uruguay, involucran únicamente al 3% del total de las empresas en Uruguay (las empresas medias y grandes). En consecuencia, se observa que las micro y pequeñas empresas (el 97% de las empresas uruguayas) presentan una utilización muy poco intensiva del financiamiento bancario (en tanto que se estima sólo un 4%-8% de ellas se financian mediante préstamos bancarios), y en su mayoría utilizan las utilidades obtenidas o el capital propio como alternativa financiera. En cuanto al crédito al consumo otorgado por el total del sistema bancario, es posible afirmar que el valor de las operaciones se encuentran concentradas en un rango de valor de entre $20.000 y $45.000 (rango que concentra casi el 63% de las operaciones de crédito al consumo).

El análisis anterior permite concluir que el sistema bancario uruguayo no ha penetrado en forma masiva en segmentos poblacionales de bajos ingresos (tanto a nivel de empresas como de familias). En base a este diagnóstico, el documento defiende cuatro hipótesis para explicar dicho fenómeno. Estas hipótesis no son mutuamente excluyentes, sino que son “aditivas”, es decir, que tomadas en su conjunto se obtiene una argumentación que ayuda a explicar el bajo nivel de bancarización en Uruguay. Las cuatro hipótesis son:

  • i. Características específicas de la población “no bancarizada” operan como restricciones para el acceso a la oferta bancaria tradicional: la población “no bancarizada” además de tener ingresos bajos tiene una serie de atributos como son relaciones laborales informales, falta de garantías o colateral, falta de cultura financiera, falta de historial crediticio, que dificultan su acceso a la oferta tradicional de productos bancarios en general y del crédito bancario en particular;
  • ii. Restricciones de los bancos para adaptar la oferta de servicios y productos financieros adecuadamente a algunos segmentos de la demanda: los bancos han encontrado por diversas razones, restricciones para perseguir adecuadamente el negocio de crédito al consumo masivo (procesos, tecnología, recursos humanos, front y back office no alineados con negocio masivo, costos asociados al endurecimiento de regulación banco centralista observada luego de la crisis de 2002, ausencia de economías de escala y alcance, etc.);
  • iii. Falta de incentivos para que los bancos hayan incursionado en nuevas líneas de negocios: esto es porque en Uruguay los bancos obtenían buena rentabilidad de modelos de negocios que no incluían el crédito a pequeñas y medianas empresas y el crédito al consumo a personas de bajos ingresos (desde mediados de los ochenta hasta 2001 el negocio de arbitraje regional, y entre 2002 y la actualidad el negocio de arbitraje internacional).
  • iv. Percepciones y preconceptos negativos desde la demanda (reticencia a trabajar con bancos): algunos individuos tienen percepciones negativas y/o prejuicios acerca de los bancos y los servicios que ofrecen, que actúan como una barrera o desestimulo a operar con bancos tradicionales.

La evidencia disponible permite afirmar que al menos parte de esta demanda insatisfecha por productos financieros de los segmentos poblacionales de bajos ingresos (en particular la que refiere al acceso de crédito) ha sido progresivamente cubierta por instituciones financieras no bancarias. Mientras que el stock de crédito al consumo en todo el período bajo análisis otorgado por las EACs presenta un crecimiento del 400%, el crecimiento en el caso de los bancos se ubica en torno al 240%. Si se tiene en cuenta que el monto promedio de un crédito otorgado por las EACs es significativamente más bajo que el otorgado por bancos, dicha diferencia en crecimiento es mucho mayor si se mide en cantidad de operaciones de crédito realizadas.

El significativo crecimiento del crédito otorgado por las instituciones no bancarias (y por tanto el rol cada vez más protagónico jugado por estas instituciones en lo que refiere al acceso masivo al crédito de la población en general), puede explicarse a partir de diversos factores. Implícitamente, estos factores suponen la superación de una o varias de las restricciones que se argumentó enfrentan los bancos para incursionar en estas líneas de negocio. Así, los principales factores explicativos del “éxito” relativo de las EACs pueden sintetizarse en:

  • i. Desarrollo e implementación de un conjunto tecnologías que permite disociar la “elegibilidad” del solicitante respecto de su nivel de ingreso y grado de información presentada;
  • ii. Menores restricciones derivadas de la normativa bancocentralista, que derivan en menores costos y menos incentivos a racionar el crédito;
  • iii. La posibilidad de ofrecer créditos por montos muy pequeños;
  • iv. Estructura organizativa de las instituciones no bancarias especialmente diseñada para atender las necesidades y restricciones específicas de los segmentos de bajos ingresos, en particular en lo que refiere a distribución geográfica, horario de atención y recursos humanos, que permiten (junto con la tecnología) otorgar créditos “al instante”. Estos segmentos fundamentalmente valoran el acceso, la rapidez y la sencillez a la hora de solicitar un crédito, y asignan menos importancia a la tasa de interés.

El documento concluye que, como resultado del accionar de las instituciones financieras no bancarias, es posible señalar que los segmentos poblacionales tradicionalmente excluidos del sistema financiero bancario tradicional gozan hoy de un mayor acceso a los servicios financieros. Asimismo, es posible afirmar que el historial crediticio generado por estas instituciones constituye para muchos individuos (en especial para aquellos que carecen de documentaciones formales) un activo valioso, siendo esta creación de valor un beneficio adicional a tener en cuenta.

Finalmente, el documento propone algunas medidas adicionales para mejorar la inclusión financiera de la población, que se entiende pueden colaborar significativamente con el objetivo perseguido, y beneficiar a todos los actores involucrados. Una de las principales propuestas refiere a admitir la existencia y el uso de las tarjetas pre-pagas para el pago de salarios. Las tarjetas prepagas ofrecen numerosas ventajas tanto para empleadores como para empleados, en términos de eficiencia y seguridad. Asimismo, son beneficiosas desde la perspectiva del gobierno en tanto que las mismas cumplen un rol importante en la digitalización de los medios de pago. Desde la perspectiva de las instituciones financieras emisoras, las tarjetas prepagas cumplen un rol vital: la generación de historial respecto al comportamiento y hábitos de consumo (y ahorro) de un individuo. En este sentido, aún cuando las tarjetas no implican per se acceso a instrumentos de crédito y ahorro, las tarjetas prepagas constituyen el “paso inicial” ideal hacia la inclusión financiera, en tanto suponen la creación de información valiosa respecto al individuo.

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